Por: MANUEL MARTINEZ CAMPAÑA
La historia ha sido ruda, cruda, brutal e inhumana en lo que se refiere a fenómenos naturales, a pesar de ello hemos sabido consolidar desde la organización social el soporte fundamental en minutos de absoluto abandono, aquella que se expresa con la incomunicación en todo sus ámbitos, aquella que exterioriza inevitablemente solo razones de supervivencia en el yo y no en el nosotros, aquella que recrea la necesidad incontenible de todo al haber perdido todo. Con todo ello nuestra sociedad, al menos hasta la década del 70 sabía sortear estas realidades y sometía cualquier intento de la personalización, comprendía que el acto social; esta relación inevitable de hombres y de mujeres, es el único instrumento que permite sobrepasar estos minutos de angustia y desolación, es el que evitará bajo cualquier circunstancia actos que rompan con la necesidad común respecto de la individual.
Desde esta perspectiva resulta preocupante como la sociedad chilena, esta que se dice solidaria, pierde esta relación, donde nuestra sociedad solo ensalza los individualismos, los éxitos, el sobre salir no importa cómo, donde el único horizonte se traduce en ganar más y más, no comprendiendo que justamente estos actos son y serán los catalizadores de la pérdida de
Frente a estos hechos es absolutamente relevante lo que nos muestra esta catástrofe, como las comunicaciones no logran generar la cohesión necesaria para la articulación social, como llamados desmedidos a la intervención militar armada a controlar las “Ordaz Civiles”, o alcaldes y alcaldesas incontroladas en su histeria frente a su propia incapacidad de control como autoridad, acusan a otras autoridades de su incompetencia. Por lo pronto reconstruir nuestra base social permitirá salvar estas conductas humanas, aunque resulten inhumanas, como también la urgente necesidad de romper una Constitución que niega
MANUEL MARTINEZ CAMPAÑA
DIRIGENTE SINDICAL

