Por: MANUEL MARTINEZ CAMPAÑA
Horrenda, brutal, discriminatoria ha resultado la tragedia de 81 reos muertos en la cárcel de San Miguel, en la más completa inhumanidad, donde nuevamente el Estado no es capaz de asumir la responsabilidad que le toca para con sus ciudadanos, donde en lo efectivo la negación de libertad sólo obedece a la privación de un acto y donde bajo ningún, pero ningún motivo omite u olvida la dignidad de las personas o sus derechos humanos, incluso más, advierte desde
Desde esta mirada, nuestra realidad, aquella que nos azotó con 81 muertos, con seres humanos olvidados y tratados como animales solo advierte una sociedad que no compromete su hacer con buscar las razones justas o él porque de esta consecuencia, esa que nace desde la desigualdad misma, esa que revela la ruptura de la seguridad social del Estado sobre sus ciudadanos, aquella donde su obligación no es construir más cárceles, sino establecer mejoras en lo educacional, oportunidad de trabajo, inserción laboral tras la rehabilitación, salud digna para su pueblo, donde la principal necesidad resulta hoy recuperar la organización social, aquella que ejerce control sobre sus propios actores, esa que afirmada desde el Estado con los recursos necesarios es generadora de oportunidades, esa que se aleja de la sobre exposición de imagen y asume la realidad no como un eslogan o fetiche propagandístico que mantenga o suba la popularidad del gobierno en encuestas que poco hablan de la verdad.
Chile necesita ver esta realidad por dolorosa que sea y a partir de ahí proponernos construir una distinta, una que valore la opinión de los más vastos sectores, aquella que se construya en la coherencia misma de la participación real, entendida en ella la legítima capacidad de decisión del pueblo. Para ello sin lugar a dudas que precisaremos de la más amplia de las convergencias, con una propuesta que avance a un gran acuerdo nacional convertido en un programa para un gobierno de nuevo tipo, que se haga cargo de lo que


